Ojala sentir las primeras mariposas en el estómago, los nervios al verle o
unas ganas inmensas de saltar cuando lo beso. Empezar de cero.
Pero no puedo. No puedo seguir convenciéndome de que volverán esas tardes
de risas, cosquillas y cariño. No volverán mis ganas de verle. No volverán mis
ganas de abrazarle. Tampoco las ganas de que me quiera. Mucha gente cree
realmente conocerme, pero muy pocos lo hacen de verdad. A mí también me duele
ser la que hace daño, la hija de puta, la que no tiene sentimientos. Pero
supongo que así es la vida. Dicen que siempre, hagamos lo que hagamos, alguien
tiene que sufrir.